Poetik · La casa del poeta

Teresa Wilms Montt

Retrato de Teresa Wilms Montt
Retrato de Teresa Wilms Montt

Poemas

Teresa Wilms Montt
1893-1921

«Estoy ebria de infinito, de dolor y de muerte»

De «Inquietudes sentimentales» (1917)

Estoy ebria de infinito, de dolor y de muerte; ávida de ilimitados espacios…

Allá, en el caos de las grandezas, quisiera vagar mi espíritu, sin hallar ni buscar explicaciones; quisiera saciarse de sublimidad, como se saciaría de sangre la fiera hambrienta.

¡Vida!… ¡Vida!… Si fuera tan potente mi espíritu para dominarte y hacerte esclava de mi voluntad.

¡Oh corazón!… Si te pudiera guardar dentro de mi pecho sólo como una máquina necesaria para el organismo…!

«Llueve…»

De «Inquietudes sentimentales» (1917)

Llueve…

Las gotas de agua cantan en las canaletas del zinc.

La luz de mi lámpara se ha hecho más íntima; los retratos miran con aire confidencial y el ronron del gato tiene suavidades de violín con sordina.

Mi corazón espera. Le tengo engañado haciéndole creer que esta noche vendrá un ser querido.

¡Pobre corazón que aguarda ilusionado! ¿Acaso no es la vida un eterno esperar de algo que nunca llega?…

Llueve…

Hay en mi alcoba perfume de flores marchitas, olor a recuerdo, tristezas de amores idos.

Mi corazón espera…

Llueve…

«¡Espejo! ¿Por qué me reflejas joven?»

De «Inquietudes sentimentales» (1917)

¡Espejo! ¿Por qué me reflejas joven? ¿Por qué esa burla arlequinesca? Tú ves cómo desfilan por mis ojos mis vejeces y cansancios; ves como mi alma atormentada sólo aspira a dormir soñando.

Espejo, tú eres mi hermano gemelo y conoces mejor que Dios mi vida.

Sabes qué claras purezas arrullaron mi juventud; sabes el entusiasmo de pájaro que tuve por todo lo bello; sabes mi trágica devoción a las leyendas de príncipes encantados… Sabes que una música melodiosa y un canto suave me hacían sollozar, y que una palabra de afecto me hacía esclava de otra alma, y sabes, también, que todo lo que soñé tuvo una realidad desgarradora.

He salido herida de la dura prueba, sangrando, porque he dejado tras de mí pedazos de mi ser.

Tú sabes, espejo irónico, que mi vida no es más que una larga agonía, con el raro cortejo de risas carnavalescas.

Acuérdate que el repiqueteo de campanillas, no sólo anuncia fiestas; tras de él suele venir también el carro de los leprosos.

La mañana

De «Los tres cantos» (1917)

¡Canta, alma mía; canta a la mañana!

¡Canta con los pájaros, con los árboles, las flores y las aguas! ¡Canta con el viento y la montaña, con el bosque y el llano encendido por el sol, que se te ofrece como un ánfora de oro desbordante de vida!

¡Canta, alma mía, con el grillo maravillado de luz, que mora en la corteza de los pinos y con la abeja ebria de perfume; canta con el águila solitaria en la cúspide de las rocas y con la hormiga laboriosa en las cavidades de la tierra!

¡Canta con la mariposa de alas inquietas como párpados de niño, y con el sapito verde desde su trono de nenúfares en el espejo del estanque!

¡Canta con la res fecundada y la miés madura; con los frutos rosados, que se abren como labios jóvenes; canta con el tierno corderito de la majada y la madre feliz que lo ha parido!

¡Canta, alma mía, canta con el alma gemela; con la buena alma hermana que vibra, llora, y ríe en un solo impulso contigo!

¡Canta con el candor alegre de la franca sonrisa y con la mirada clara que refleja la serenidad de su dulce sentir!

¡Canta, alma mía, y tiende tus brazos al amor que llega desalado a refugiarse en tu seno; dale abrigo, alma mía, y estimula su creciente vigor!

¡Canta con las lágrimas de dicha que tiemblan y resbalan como gotas de rocío sobre los pétalos, y con el beso que se insinúa temeroso, descorriendo los velos del corazón para dar paso a una plena aurora de amor!

¡Canta, canta, con la vida, con las pasiones de fuego, con los deleites sanos; canta con la suprema gloria de los espasmos compartidos, y con las languideces que ponen en los ojos tonos de atardecer!

¡Canta, alma mía, y comunica a las cosas pasivas tu fuego; entrégales tu esencia, crea mundos, prodiga bellezas y bondades, hasta erigir un trono a la casta verdad!

¡Canta y atraviesa los espacios con tu voz musical e impón silencio a los pájaros para que escuchen la palabra del hombre sabio y fecundo!

¡Canta, alma mía, canta y bébete de un sorbo el néctar de la mañana; canta, alma mía, mientras el cielo azul y la campiña sean para ti una bacanal con cuya belleza puedas embriagarte!

¡Canta, alma mía, canta antes que cierre la noche y aúlle el lobo salvaje en la montaña!

Ofrenda

De «En la quietud del mármol» (1918)

Traigo a tus pies la suave ofrenda de mi libro, que deposito en ellos, como el más sutil perfume de mi inspiración.

En el largo camino que separa la farsa del lugar donde tú yaces en sublime y casta quietud de mármol, he ido despojando mi alma de sus miserables ataduras humanas; he ido purificándola mediante cruentos martirios, para traerla hasta ti, clarificada como el agua de una fuente que no ha sido desflorada por la luz del día.

No temas que mis páginas dejen en tu lecho una huella impura. Si bien tú te has sublimado con la muerte, yo me he redimido perdiendo mi envoltura de fango en el torbellino incontenible del dolor.

Puedes admitir mi ofrenda tan dulcemente como mis flores, que ni éstas ni aquéllas turbarán tu sueño.

Acéptala; te la ofrezco con los ojos límpidos, la frente serena, vuelta hacia el mundo que ha de juzgarme, con el espíritu ligero y vano como el humo de un incensario.

Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. Retrato procedente de Wikimedia Commons. Más poesía en Poétikas.