
Poemas
Miguel de Unamuno
1864-1936
ยซMe destierro a la memoriaยป
De ยซCancioneroยป (1953, pรณstumo)
Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,
que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.
Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creรกis mรกs muerto
retemblarรฉ en vuestras manos.
Aquรญ os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.
ยซVuelve hacia atrรกs la vista, caminanteยป
De ยซDe Fuerteventura a Parรญsยป (1925)
Vuelve hacia atrรกs la vista, caminante,
verรกs lo que te queda de camino;
desde el oriente de tu cuna el sino
ilumina tu marcha hacia adelante.
Es del pasado el porvenir semblante;
como se irรก la vida asรญ se vino;
cabe volver las riendas del destino
como se vuelve del revรฉs un guante.
Lleva tu espalda reflejado el frente;
sube la niebla por el rรญo arriba
y se resuelve encima de la fuente;
la lanzadera en su vaivรฉn se aviva;
desnacerรกs un dรญa de repente;
nunca sabrรกs dรณnde el misterio estriba.
La oraciรณn del ateo
De ยซRosario de sonetos lรญricosยป (1911)
Oye mi ruego tรบ, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
tรบ que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaรฑo. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuanto tรบ de mi mente mรกs te alejas
mรกs recuerdo las plรกcidas consejas
con que mi ama endulzรณme noches tristes.
ยกQuรฉ grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se espande
para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tรบ existieras
existirรญa yo tambiรฉn de veras.
ยซยกDime quรฉ dices, mar, quรฉ dices, dime!ยป
De ยซDe Fuerteventura a Parรญsยป (1925)
ยกDime quรฉ dices, mar, quรฉ dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son en el coro de tus varios mares
una voz sola que cantando gime.
Ese mero gemido nos redime
de la letra fatal y sus pesares,
bajo el oleaje de nuestros azares
el secreto secreto nos oprime.
La sinrazรณn de nuestra suerte abona,
calla la culpa y danos el castigo;
la vida al que naciรณ no le perdona;
de esta enorme injusticia sรฉ testigo,
que asรญ mi canto con tu canto entona
y no me digas lo que no te digo.
Salamanca
De ยซPoesรญasยป (1907)
Alto soto de torres que al ponerse
tras las encinas que el celaje esmaltan
dora a los rayos de su lumbre el padre
Sol de Castilla;
bosque de piedras que arrancรณ la historia
a las entraรฑas de la tierra madre,
remanso de quietud, yo te bendigo,
ยกmi Salamanca!
Miras a un lado, allende el Tormes lento,
de las encinas el follaje pardo
cual el follaje de tu piedra, inmoble,
denso y perenne.
Y de otro lado, por la calva Armuรฑa,
ondea el trigo, cual tu piedra, de oro,
y entre los surcos al morir la tarde
duerme el sosiego.
Duerme el sosiego, la esperanza duerme,
de otras cosechas y otras dulces tardes,
las horas al correr sobre la tierra
dejan su rastro.
Al pie de tus sillares, Salamanca,
de las cosechas del pensar tranquilo
que aรฑo tras aรฑo madurรณ en tus aulas
duerme el recuerdo.
Duerme el recuerdo, la esperanza duerme,
y es el tranquilo curso de tu vida
como el crecer de las encinas, lento,
lento y seguro.
De entre tus piedras seculares, tumba
de remembranzas del ayer glorioso
de entre tus piedras recogiรณ mi espรญritu
fe, paz y fuerza.
En este patio que se cierra al mundo
y con ruinosa cresterรญa borda
limpio celaje, al pie de la fachada
que de plateros
ostenta filigranas en la piedra,
en este austero patio, cuando cede
el vocerรญo estudiantil, susurra
voz de recuerdos.
En silencio Fray Luis quรฉdase solo
meditando de Job los infortunios,
o paladeando en oraciรณn los dulces
nombres de Cristo.
Nombres de paz y amor con que en la lucha
buscรณ conforte, y arrogante luego
a la brega volviรณse amor cantando,
paz y reposo.
La apacibilidad de tu vivienda
gustรณ, andariego soรฑador, Cervantes,
la voluntad le enhechizaste y quiso
volver a verte.
Volver a verte en el reposo quieta
soรฑar contigo el sueรฑo de la vida
soรฑar la vida que perdura siempre
sin morir nunca.
Sueรฑo de no morir es el que infundes
a los que beben de tu dulce calma,
sueรฑo de no morir ese que dicen
culto a la muerte.
En mรญ florezcan cual en ti, robustas,
en flor perduradora las entraรฑas
y en ellas talle con seguro toque
visiรณn del pueblo.
Levรกntense cual torres clamorosas
mis pensamientos en robusta fรกbrica
y asiรฉntese en mi patria para siempre
la mi Quimera.
Pedernoso cual tรบ sea mi nombre
de los tiempos la roรฑa resistiendo,
y por encima al trรกfago del mundo
resuene limpio.
Pregona eternidad tu alma de piedra
y amor de vida en tu regazo arraiga,
amor de vida eterna, y a su sombra
amor de amores.
En tus callejas que del sol nos guardan
y son cual surcos de tu campo urbano,
en tus callejas duermen los amores
mรกs fugitivos.
Amores que nacieron como nace
en los trigales amapola ardiente
para morir antes de la hoz, dejando
fruto de sueรฑo.
El dejo amargo del Digesto hastioso
junto a las rejas se enjugaron muchos
volviendo luego, corazรณn alegre,
a nuevo estudio.
De doctos labios recibieron ciencia
mas de otros labios palpitantes, frescos,
bebieron del Amor, fuente sin fondo,
sabidurรญa.
Luego en las tristes aulas del Estudio,
frรญas y oscuras, en sus duros bancos,
aquietaron sus pechos encendidos
en sed de vida.
Como en los troncos vivos de los รกrboles
de las aulas asรญ en los muertos troncos
grabรณ el Amor por manos juveniles
su eterna empresa.
Sentencias no hallarรฉis del Triboniano
del Peripato no verรฉis doctrina,
ni aforismos de Hipรณcrates sutiles,
jugo de libros.
Allรญ Teresa, Soledad, Mercedes,
Carmen, Olalla, Concha, Blanca o Pura,
nombres que fueron miel para los labios,
brasa en el pecho.
Asรญ bajo los ojos la divisa
del amor, redentora del estudio
y cuando el maestro calla aquellos bancos
dicen amores.
Oh Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciรฑen daban
jugosos frutos.
Del corazรณn en las honduras guardo
tu alma robusta, cuando yo me muera,
guarda, dorada Salamanca mรญa,
tรบ mi recuerdo.
Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo,
di tรบ que he sido.
Obra en dominio pรบblico. Textos cotejados en fuentes de referencia. Retrato procedente de Wikimedia Commons. Mรกs poesรญa en Poรฉtikas.

