Poetik · La casa del poeta

Mercedes Matamoros

Retrato de Mercedes Matamoros
Retrato de Mercedes Matamoros

Poemas

Mercedes Matamoros
1851-1906

La muerte del esclavo

De «Poesías completas» (1892)

Por hambre y sed y hondo pavor rendido,
del monte enmarañado en la espesura,
cayó por fin entre la sombra oscura
el miserable siervo perseguido.

Aún escucha a lo lejos el ladrido
del mastín, olfateando en la llanura,
y hasta en los brazos de la muerte dura
del estallante látigo el chasquido.

Mas de su cuerpo ante la masa yerta
no se alzará mi voz conmovedora
para decirle: —¡Lázaro, despierta!—

¡Atleta del dolor, descansa al cabo!
Que el que vive en la muerte nunca llora,
y más vale morir que ser esclavo.

Anhelos

De «El último amor de Safo» (soneto IV, 1902)

¡Quiero aromar tus rizos abundosos
con perfume embriagante de verbenas;
y tu cuello enlazar con las cadenas
ardientes de mis brazos amorosos!

¡Quiero encender con besos fervorosos
la sangre que circula por tus venas
y trocar en fogosas las serenas
miradas de tus ojos luminosos!

Porque siempre han de ser en mis amores,
venenosas las más fragantes flores,
borrascosas las noches y los días;

y así no olvidará sus horas bellas;
que siempre dejan en el mundo huellas
las tempestades locas y sombrías.

La primera traición

De «El último amor de Safo» (soneto V, 1902)

¡Ah! ¡Te he visto! Detrás de la enramada
estabas con Cloé bien escondido,
y de tus besos conocí el sonido
en su fresca mejilla sonrosada.

Seductora, voluble y descocada,
me llamaba tu labio fementido;
y yerta de dolor, perdí el sentido,
de mi amor inaudito avergonzada.

¡Y reía Cloé…! La mujercilla
que supone ser bella entre las bellas
y es amiga de sátiros lascivos.

¡Pues bien! ¡En esa impúdica mejilla
que tú has besado dejará sus huellas
el nácar de mis dientes incisivos…!

Los alfileres

De «El último amor de Safo» (soneto X, 1902)

¡Mátame sin temor! Yo fui quien puse
más de un fino alfiler en la almohada
de tu Mirene, mi rival odiada,
y su rostro de Venus descompuse.

¿Y quieres saber más? Después me impuse
en su alcoba secreta con Andrada,
y con Cintia y Friné… Desesperada,
gritó, lloró… Remedios le propuse,

y aunque atenderla con piedad fingimos,
¡cómo luego a hurtadillas nos reímos!
¡Por Júpiter! ¡Qué triunfo! Yo creía

que todos los placeres conocía,
y es el más grande, a una rival temible
la encantadora faz dejarle horrible…

Tormento

De «El último amor de Safo» (soneto XV, 1902)

Yo no puedo vivir sin contemplarte,
ni puedo ser dichosa sin oírte;
¡alas no tengo ya para seguirte!
¡voces no tengo ya con que llamarte!

Quisiera ser voluble para odiarte,
quisiera tener fuerzas para huirte;
esquivez y desdenes para herirte;
orgullo y dignidad para olvidarte.

Mas no me atrevo ningún daño a hacerte.
¡Yo no puedo dictar fallo de muerte
contra el tirano cruel que me tortura!

Medito mi venganza hora tras hora,
¡y en lo íntimo del pecho que te adora,
para ti, caro bien, solo hay dulzura…!

Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. Retrato procedente de Wikimedia Commons. Más poesía en Poétikas.