Beatriz Fernández de Sevilla

Retrato de la poeta Beatriz Fernández de Sevilla
Retrato de Beatriz Fernández de Sevilla

Poemas

Beatriz Fernández de Sevilla
Villanueva de los Infantes, 1989

Si el Vesubio arrasara Pompeya esta noche

Son las dos
las dos de recordar que a veces leo poesía cuando son las dos
y el mundo está apagado
y todas las guitarras se han quedado afinadas en Re.

Y estoy desnuda sobre la cama hecha
con la teatralidad aprendida de alguna película de Bertolucci
pienso qué bello sería encontrarme así
si el Vesubio arrasara Pompeya esta noche
y qué triste que no fuera contigo sobre mi espalda.
La lava del volcán lo arrasaría todo
y a pesar de ello yo moriría congelada
sin tus dos grados de más sobre mi piel.

Sería tan triste
que no quiero escribir un escenario
en el que tu voz profunda
con vocación de despertar gigantes
no fuera el último susurro de buenas noches
ni tus abrazos el eclipse de luna que el mundo se está perdiendo.
Porque cuando me habitas eres capaz de retener toda la luz del universo;
y tu forma de querer es tan Océano Índico, tan inmensa y tan rica
que superpoblaríamos el planeta después del mar de lava.

Si el Vesubio arrasara Pompeya esta noche
quizá me pondría clásica
para elegir en el último segundo
uno de tus abrazos
porque tu pecho es una casa
tanto que muchas veces pienso que podrías anidar el mundo entero
e incluso consolarlo si un día lo abrazaras.
Pero es improbable que un volcán nos despierte esta noche
y aún quedan cicatrices y paréntesis
y fronteras y naves y arrecifes
y esa manera brusca de morderte los labios.
Y sería muy injusto que lo hiciera justo ahora
que vuelvo a escribir poesía porque tú me provocas
que lo hago a las dos de la mañana porque sé que mi voz suena bonita cuando invoca tu nombre y tus pestañas.

Es improbable que un volcán nos despierte esta noche,
pero si ocurre y no llegamos al último abrazo
o a alguna de las poses ensayadas que tanto gustarían a los turistas de algún siglo futuro
me basta con que sepas que cuando sonríes
el mundo es una nota a pie de página.

Clausura

Piso este umbral sólo una vez
la luz de la mañana asiste amarga a la ceremonia
pocas decisiones suelen tener esta forma de embestida o de navaja.

Si estoy aquí es porque has abierto
con solemnidad
los portones
para acunar mi presencia,
encendido las brasas, dispuesto los reclinatorios,
has recogido los tubérculos y frutos de la huerta
y el horno está aún caliente, hospitalario.

No sin temor acaricio
las yemas de mis dedos con tus yemas
tendidas en ofrenda hacia mí.
He esperado para asistirte a que se desvanezca
el fulgor de la seducción primera.
De hecho son los filamentos de rencor, la desazón
que ocupa parte de mi sangre
las razones por las que me presento
porque nos prometimos sólo el amor en la duda
y sólo en la duda es entonces amor.

Las palabras grandes que mistificamos en los altares
ya no nos sirven.
A veces sí somos esa máscara que detestamos. De dónde nace la noción
del amor si no es de la decepción o del enfado en ese volver pausado en ese andar a gatas
después de discrepar sobre el tiempo
que podemos gobernar en común.

Total que mis yemas tus yemas
juntas una tarántula pero también un cisne
un último vistazo a las notas antiguas, a la chimenea de la vieja fábrica, con su cigüeña.
La cigüeña ya lo sabe.
Ya para nada la ilusión de los comienzos
sólo esta cautela, la certeza
de que le habremos de fallar y nos habremos de recomponer
la no-tenencia ha soldado nuestras manos.

Te regresas al fondo del pasillo estrecho
no hemos dicho todas las palabras porque no sabemos todas las palabras
en silencio en liturgia acabaremos de comprender
cubro mi pelo avanzo mi rodilla.
Cruzo este umbral sólo una vez.

Desconcierto

He leído muchos libros y el amor del que hablaban
no se parece a este.
Aún no entiendo muy bien que la poesía
no tenga entre los versos de los grandes algo que sea muy nuestro
y sin embargo cuánto quema el sueño
sin ti a mi lado
qué paladar ordena mi saliva
por qué no están mis manos en tu pecho.

Oración en el huerto

«Permíteme decirte que hasta hoy, sólo he conocido la sombra de la vida. Para llegar a la luz, primero tengo que morir.» — Santa Teresa de Lisieux

Amarra el drama a algún pilar
para que sólo se presente en corto
dame delirios para el corazón.
Guárdame esta paz sostenida
Quiéreme con ternura y con rabia
Descúbreme la belleza en el rincón del polvo.
Nútreme de tantos naufragios como salvavidas
Destripa la bondad en la mesa de la cocina
(que todo lo humano tenga menos poesía y más vísceras
que todo lo humano sea de veras a corazón abierto)
Recuerda que me esconda cuando vengan
manadas de elefantes
Y pon un dedo bajo mi barbilla
y lleva mi mirada al cielo
cuando los míos
anden lanzando bengalas salvavidas.

Cúbreme de relatos
No sueltes la ambición, ni la determinación ni la vulnerabilidad
que a ratos nos gobierna.
Regálame la sorpresa de lo inesperado.
No dispares a matar
salvo si es en defensa propia.
Embalsama la dulzura entre las costuras de mi cuerpo
Deja que quien me mire de forma honesta
tiemble y se rompa conmigo.

La autoraBeatriz Fernández de Sevilla (1989, Villanueva de los Infantes) es autora de los poemarios Paraísos domésticos (2024) y Liturgia de las horas (Uaemex, 2025). Actualmente se encuentra escribiendo su primera novela. Su obra aborda con un lenguaje feroz y valiente temas como la violencia, el dolor o el deseo.