Poetik · La casa del poeta

Delmira Agustini

Retrato de Delmira Agustini
Retrato de Delmira Agustini

Cinco poemas

Delmira Agustini
1886-1914

El intruso

De «El libro blanco (Frágil)» (1907)

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura,
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.

¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si tú duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

y tiemblo si tu mano toca la cerradura,
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera!

Explosión

De «El libro blanco (Frágil)» (1907)

Si la vida es amor, ¡bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul del sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento…
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡la vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría,
rotas las alas, mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe…
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!

Lo inefable

De «Cantos de la mañana» (1910)

Yo muero extrañamente… No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida…
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?…

¡Cumbre de los Martirios!… ¡Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!…

¡Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable!… ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!

El vampiro

De «Cantos de la mañana» (1910)

En el regazo de la tarde triste
yo invoqué tu dolor… Sentirlo era
¡sentirte el corazón! Palideciste
hasta la voz, tus párpados de cera,

bajaron… y callaste… Pareciste
oír pasar la Muerte… Yo que abriera
tu herida mordí en ella —¿me sentiste?—
¡como en el oro de un panal mordiera!

Y exprimí más, traidora, dulcemente
tu corazón herido mortalmente,
por la cruel daga rara y exquisita

de un mal sin nombre, ¡hasta sangrarlo en llanto!
Y las mil bocas de mi sed maldita
tendí a esa fuente abierta en tu quebranto.

¿Por qué fui tu vampiro de amargura?
¿Soy flor o estirpe de una especie oscura
que come llagas y que bebe el llanto?

Otra estirpe

De «Los cálices vacíos» (1913)

Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego…
Pido a tus manos todopoderosas
¡su cuerpo excelso derramado en fuego
sobre mi cuerpo desmayado en rosas!

La eléctrica corola que hoy desplego
brinda el nectario de un jardín de Esposas;
¡para sus buitres en mi carne entrego
todo un enjambre de palomas rosas!

Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
mi gran tallo febril… Absintio, mieles,
viérteme de sus venas, de su boca…

¡Así tendida soy un surco ardiente
donde puede nutrirse la simiente
de otra Estirpe sublimemente loca!

Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. Retrato procedente de Wikimedia Commons.