Rosario de Acuña

Retrato de Rosario de Acuña
Retrato de Rosario de Acuña

Poemas

Rosario de Acuña
1850-1923

Mi canto

De «Ecos del alma» (1876)

Errante nota que se lleva el viento,
grito del alma que sin eco espira,
ave sin nido que en el cielo gira,
flor sin aroma que en el pecho siento:

sonido triste, cadencioso y lento,
es el acorde de mi pobre lira;
ella del alma en el dolor se inspira
y de ella brota quejumbroso acento:

este es mi canto, tu belleza miro
y siento enmudecer mi poesía
oyendo al murmurar de mi suspiro,

que eres hermosa cual la luz del día
al brillar en su alcázar de zafiro…
y este es el eco que mi voz te envía.

A la muerte

De «Ecos del alma» (1876)

Cuando el dolor al corazón maltrata,
y el alma triste en su amargura espira,
tan solo en ti la salvación se mira
y la esperanza nuestro ser dilata.

Tu sueño, el nudo del pesar desata
del infeliz que sin la fe suspira,
y su existencia que sin rumbo gira
tu duro fallo con placer acata.

No quiero del martirio la corona;
acude presurosa a la llamada
que mi alma lastimada entona.

Estoy de sufrimientos ya cansada
y quiero adormecerme en esa zona
que tienen los mortales olvidada.

El dolor

De «Ecos del alma» (1876)

Nunca es dolor el que a la muerte inclina
a impulsos de su rápida corriente,
ni es dolor el que marca nuestra frente
con surco que imborrable la domina.

Ese dolor que cual punzante espina
arranca de los ojos llanto ardiente,
es un dolor que haciéndose vehemente,
con su misma vehemencia se asesina.

Pero el dolor que brota violento
alzándole a la risa fuerte valla;
el dolor que atraviesa el pensamiento,

y solo, oculto, entre la sombra calla,
este es el gran dolor que en paso lento
tritura el corazón que al fin estalla.

La eternidad

De «Ecos del alma» (1876)

Cuando resbala doloroso aliento
de nuestro corazón entumecido
y se torna la voz en un quejido,
eco triste de horrible sufrimiento,

levantando su vuelo el pensamiento,
así percibe el eco de un sonido
que, de esperanza sacrosanta henchido,
desciende del crespón del firmamento.

«¡Mírala allí brillar!», dícele al alma
señalando la azul inmensidad:
«Para lograr tu inmarcesible palma

solo debieras ver la eternidad:
allí la vida se desliza en calma,
¡que el imperio es aquel de la verdad!»

Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. Retrato procedente de Wikimedia Commons. Más poesía en Poétikas.