Juan Ramón Molina

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Poemas

Juan Ramón Molina
Comayagüela, 1875 – San Salvador, 1908

Pesca de sirenas

De «Tierras, mares y cielos» (obra póstuma, 1911)

Péscame una sirena, pescador sin fortuna,
que yaces pensativo del mar junto a la orilla.
Propicio es el momento, porque la vieja luna
como un mágico espejo entre las olas brilla.

Han de venir hasta esta ribera, una tras una,
mostrando a flor de agua el seno sin mancilla,
y cantarán en coro, no lejos de la duna,
su canto, que a los pobres marinos maravilla.

Penetra al mar entonces y coge la más bella,
con tu red envolviéndola. No escuches su querella,
que es como el llanto aleve de la mujer. El sol

la mirará mañana -entre mis brazos loca-
morir- bajo el divino martirio de mi boca-
moviendo entre mis piernas su cola tornasol.

Madre Melancolía

De «Tierras, mares y cielos» (obra póstuma, 1911)

A tus exangües pechos, Madre Melancolía,
he de vivir pegado, con secreta amargura,
porque absorbí los éteres de la filosofía
y todos los venenos de la literatura.

En vano -fatigada de sed el alma mía-
sueña con una Arcadia de sombra y de verdura,
y con el don sencillo de un odre de agua fría
y un racimo de dátiles y un pan sin levadura.

Todo el dolor antiguo y todo el dolor nuevo
mezclado sutilmente en mi espíritu llevo
con el extracto de una fatal sabiduría.

Conozco ya las almas, las cosas y los seres,
he recorrido mucho las playas de Citeres…
¡Soy tu hijo predilecto, Madre Melancolía!

Metempsicosis

De «Tierras, mares y cielos» (obra póstuma, 1911)

Del ancho mar sonoro fui un pez en los cristales,
que tuve los reflejos de gemas y metales.
Por eso amo la espuma, los agrios peñascales,
las brisas salitrosas, los vívidos corales

Después, aleve víbora de tintes caprichosos,
magnéticas pupilas, colmillos venenosos.
Por eso amo las ciénagas, los parajes umbrosos,
los húmedos crepúsculos, los bosques calurosos.

Pájaro fui en seguida en un vergel salvaje,
que tuve todo el iris pintado en el plumaje.
Amo flores y nidos, el frescor del ramaje,
los extraños insectos, lo verde del paisaje.

Torneme luego en águila de porte audaz y fiero,
tuve alas poderosas, garras de fino acero,
Por eso amo la nube, el alto pico austero,
el espacio sin límites, al aire vocinglero.

Después, león bravío de profusa melena,
de tronco ágil y fuerte y mirada serena.
Por eso amo los montes donde su pecho truena,
las estepas asiáticas, los desiertos de arena.

Hoy (convertido en hombre por órdenes obscuras)
siento en mi ser los gérmenes de existencias futuras.

Vidas que han de encumbrarse a mayores alturas,
o que han de convertirse en génesis impuras.

¿A qué lejana estrella voy a tender el vuelo,
cuando se llegue la hora de buscar otro cielo?
¿A qué astro de ventura o planeta de duelo
irá a posarse mi alma cuando deje este suelo?

¿O descendiendo en breve (por secretas razones)
de la terrestre vida todos los escalones,
aguardaré, en el limbo de largas gestaciones,
el sagrado momento de nuevas ascensiones?

Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. Retrato procedente de Wikimedia Commons (dominio público). Se han corregido en silencio unas pocas erratas de cajista de los impresos originales; se respetan en cambio la ortografía y la acentuación de época. Más poesía en Poétikas.