Poemas
Juan Francisco Manzano
La Habana, 1797 – 1853
Treinta años
Soneto. Publicado en el «Aguinaldo Habanero» (La Habana, 1837)
Cuando miro el espacio que he corrido
Desde la cuna hasta el presente dia,
Tiemblo, y saludo á la fortuna mia,
Más de terror que de atencion movido.
Sorpréndeme la lucha que he podido
Sostener contra suerte tan impía,
Si tal llamarse puede la porfía
De mi infelice sér, al mal nacido.
Treinta años ha que conocí la tierra;
Treinta años ha que en gemidor estado
Triste infortunio por do quier me asalta.
Mas nada es para mí la cruda guerra
Que en vano suspirar he soportado,
Si la calculo ¡oh Dios! con la que falta.
La cocuyera
Del «Parnaso cubano» (La Habana, 1881)
Un incauto cocuyo
Revolaba brillando,
Ya del prado á la selva
Ya de la selva al prado:
Libre cual mariposa
Hendiendo el aire vago,
Liba en vírgenes flores
Jugos almibarados:
Ora explende, ora oculta
Del fósforo inflamado
La luz á que no cabe
Color acomodado.
¡Cómo vuela invisible!
Lucero es ya bien claro:
Si presto se oscurece,
Presto ilumina el campo.
En vano los mancebos
Le siguen anhelando,
Con teas encendidas,
El placer de tomarlo;
Pues revolando en torno
Al silbo suave y blando,
Vuelve la luz en niebla,
Se pierde entre las manos:
Y en la frondosa copa
De un florido naranjo,
Opaca luz despide
Dejándolos burlados.
Entónces Nina bella,
Gloria y honor del campo,
Envidia de las flores,
Delicia de su amado,
Toma la cocuyera,
Que con curiosas manos
Labró en felices dias
Su tierno enamorado;
Y en alto suspendiendo
Tan bellísimo encanto,
La mueve, y mil cocuyos
Alumbran encerrados.
«Baja, le dice, baja,
Que en mi amante regazo
Cañas dulces te ofrezco,
De cañutos dorados:
Dormirás en mi alcoba
Mi aliento respirando;
Serás de mis amores
Confidente sagrado.»
El fúlgido cocuyo,
Plácido susurrando,
Vuela, desciende y toca
Sobre sus mismos labios;
Probó la miel hiblea,
Con que amor ha endulzado
Los divinos claveles,
Honor del cútis blanco.
Del nuevo prisionero
Celébrase el hallazgo,
Y en la prision contento
Brilla que es un regalo…
A la ciudad de Matanzas despues de una larga ausencia
Soneto fechado en 1830. Del «Parnaso cubano» (1881)
Testigo un tiempo, campo venturoso,
De tu maleza fuí: manglar y uvero
En tí mecerse contempló el viajero,
Que frecuentó tu seno montüoso.
Ya en vano busco desde el puente añoso
Tus uvas, mangles, y el pajizo alero
De la abatida choza, do el montero
Su indigencia ocultó, mendigo, ocioso.
Todo despareció: tu plaza crece,
Y á par huyendo, déjante poblado
Selva, maleza y campesina sombra.
Tamaña variedad júbilo ofrece;
Pues quien te abandonó tan desmedrado,
Hoy con placer filial te ve, y se asombra.
Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. No se conserva retrato fiable del autor: la imagen es la portada del «Parnaso cubano» (La Habana, 1881), donde se recogieron sus poemas (Internet Archive, dominio público). Se han corregido en silencio unas pocas erratas de cajista de los impresos originales; se respetan en cambio la ortografía y la acentuación de época. Más poesía en Poétikas.
