Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés)

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Poemas

Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés)
La Habana, 1809 – Matanzas, 1844

En la muerte de Jesucristo

Soneto. De «Poesías completas» (París, 1856)

Torva nube que arroja escarcha fria,
Rayos aborta que al mortal espantan,
De las tumbas los muertos se levantan,
Tiembla la tierra y se oscurece el dia.

Las crespas ondas de la mar sombría
Cave las duras rocas se quebrantan,
Ni el rio corre, ni las aves cantan,
Ni el sol su luz al universo envia.

Cuando en el monte Gólgota sagrado
Dice el Dios-Hombre con dolor profundo:
«Cúmplase, Padre, en mí vuestro mandado:»

Y á la rabia de un pueblo furibundo,
Inocente, sangriento y enclavado
Muere en la cruz el Salvador del mundo.

Fatalidad

Soneto. De «Poesías completas» (París, 1856)

Negra deidad que sin clemencia alguna
De espinas al nacer me circuiste,
Cual fuente clara cuya márgen viste
Maguey silvestre y punzadora tuna;

Entre el materno tálamo y la cuna
El férreo muro del honor pusiste;
Y acaso hasta las nubes me subiste,
Por verme descender desde la luna.

Sal de los antros del averno oscuros,
Sigue oprimiendo mi existir cuitado,
Que si sucumbo á tus decretos duros,

Diré como el ejército cruzado
Esclamó al divisar los rojos muros
De la santa Salem… «¡Dios lo ha mandado!»

La flor de la caña

De «Poesías completas» (París, 1856)

Yo ví una veguera
Trigueña tostada,
Que el sol envidioso
De sus lindas gracias,
O quizá bajando
De su esfera sacra
Prendado de ella,
Le quemó la cara.
Y es tierna y modesta,
Como cuando saca
Sus primeros hilos
«La flor de la caña.»

La ocasion primera
Que la vide, estaba
De blanco vestida,
Con cintas rosadas.
Llevaba una gorra
De brillante paja,
Que tejió ella misma
Con sus manos castas,
Y una hermosa pluma
Tendida canaria,
Que el viento mecia
«Como flor de caña.»

Su acento divino,
Sus labios de grana,
Su cuerpo gracioso,
Lijera su planta:
Y las rubias hebras
Que á la merced vagan
Del céfiro, brillan
De perlas ornada,
Como con las gotas
Que destila el alba,
Candorosa rie
«La flor de la caña.»

El domingo ántes
De Semana Santa,
Al salir de misa
Le entregué una carta,
Y en ella unos versos
Donde la juraba,
Miéntras existiera
Sin doblez amarla.
Temblando tomóla
De pudor velada,
Como con la niebla
«La flor de la caña.»

Halléla en el baile
La noche de Pascua,
Púsose encendida,
Descojió su manta,
Y sacó del seno
Confusa y turbada,
Una petaquilla
De colores várias
Diómela al descuido,
Y al examinarla,
He visto que es hecha
«Con flores de caña.»

En ella hay un rizo
Que no lo trocara
Por todos los tronos
Que en el mundo haya;
Un tabaco puro
De MANICARAGUA,
Con una sortija
Que ajusta la CAPA,
Y en lugar de TRIPA,
Le encontré una carta,
Para mí mas bella
«Que la flor de caña.»

No hay ficcion en ella,
Sino estas palabras:
«Yo te quiero tanto
Como tú me amas.»
En una reliquia
De rasete blanca,
Al cuello conmigo
La traigo colgada;
Y su tacto quema
Como el sol que abrasa
En julio y agosto
«La flor de la caña.»

Ya no me es posible
Dormir sin besarla,
Y mientras que viva
No pienso dejarla.
Veguera preciosa
De la tez tostada,
Ten piedad del triste
Que tanto te ama;
Mira que no puedo
Vivir de esperanzas,
Sufriendo vaivenes
«Como flor de caña.»

Juro que en mi pecho
Con toda eficacia,
Guardaré el secreto
De nuestras dos almas;
No diré á ninguno
Que es tu nombre Idalia,
Y si me preguntan
Los que saber ansian
Quién es mi veguera,
Diré que te llamas
Por dulce y honesta
«La flor de la caña.»

Obra en dominio público. Textos cotejados en fuentes de referencia. Imagen procedente de Wikimedia Commons (dominio público). Es un retrato imaginado, dibujado hacia 1909, sesenta y cinco años después de su muerte: no se conserva retrato del natural. Se han corregido en silencio unas pocas erratas de cajista de los impresos originales; se respetan en cambio la ortografía y la acentuación de época. Más poesía en Poétikas.